Es así. Cuando te disparan, sangras. Es inevitable: la bala atraviesa los tejidos, los desgarra, y sangras. Tal vez sea un golpe y no una bala, pues no sangras, pero te duele. Y el dolor se anida ahí por un tiempo hasta que desaparece.
El recuerdo de algo escrito
In Uncategorized on Julio 17, 2009 at 12:28 amEsto lo escribí hace un año, cuando abrí el mismo libro que estoy leyendo ahora, Sputnik, mi amor:
Leo las líneas que atraviesan la portadilla del libro como un tatuaje ya borrado, disminuido. La letra es pequeña, y fue escrita en lápiz. Las colas de las q tienen una línea atravesada y parece una a pegada a una x, como una letra del alfabeto griego que desconozco y podría existir. Al final, un haikú:
Una persona
sentada bajo un árbol.
Unida al viento.
Leo la fecha. Han pasado varios años. Me resulta inevitable pensar en lo inalcanzable que veo a esta persona y quién era yo entonces. Dónde están los rastros de aquello que advierte esta página. Me sumerjo en pensamientos nostálgicos sobre el pasado y pienso en cuánto dolor no desaparece por el hecho de tener memoria y poder recordar el dolor de otros días. El mundo se expande y se contrae, y somos como liebres que corren sobre su espalda, despavoridas, sin saber adónde ir, dónde estar a salvo.
Quitapenas
In Uncategorized on Junio 21, 2009 at 8:22 pm
En Guatemala existe la tradición de las muñecas quitapenas. Se cree que quien tenga un problema o esté preocupado por algo, puede contárselo a una muñeca quitapenas. Después de pasar su pena a la muñequita, la persona en cuestión debe ponerla debajo de la almohada y así será la muñeca quien se preocupe. Cuando la persona despierte, estará tranquila, pues la muñeca se ha tragado el problema.
Es una bella tradición. Además de que las muñecas son preciosas, es muy linda la creencia de que al contarle un problema a algo y ponerlo debajo de la almohada, este desaparecerá.
Pues a mí me vendría muy bien ahora una muñequita quitapenas. Aunque soy una persona muy tranquila y ya tuve mi época de ciclotímica, estos últimos días han estado embrujados por la preocupación. Tal vez no debería preocuparme por algo tan fútil como este trabajo que tengo, pero más que eso es por las inseguridades que se me disparan cuando pasan ciertas situaciones, y porque se va una amiga que quiero mucho. Y, en general, porque detesto cada vez más el ambiente que se genera en las oficinas. Creo que este blog servirá por esta vez como una muñequita quitapenas.