Eclipse de Sol

Vista desde Preciados hacia la Puerta del Sol

Cada vez que paso por Sol y veo a los acampados, se me llena la cabeza de opiniones. Ya van a ser no se cuántos días desde que empezó la protesta en la Puerta del Sol de Madrid donde acampan personas exigiendo “democracia real” y garantías del Estado en cuestiones de empleo, salud, vivienda, educación. En últimas, lo que piden es lo que cualquier sociedad querría tener. Sin embargo, cada vez que paso y veo a estas personas esperando ahí, bajo el sol cada vez más veraniego, los entiendo menos. Vivir fuera de mi país me ha dado la oportunidad de comparar y de ampliar la perspectiva. Siento que la petición de los jóvenes de Sol —la mayoría de los manifestantes lo son—, la de un futuro mejor para ellos y para sus familias en España, es apenas lógico, y sin embargo, siento que se eximen de toda responsabilidad ante su futuro. Esta falta de emprendimiento real que caracteriza esta protesta está asociada a la falta de emprendimiento real del que sufre el pueblo español en general. La espera de la protesta para mí no simboliza la perseverancia, sino que da lugar a la actitud pasiva y cómoda de la juventud española. Seguro que España es un país con muchas menos oportunidades que otros países de Europa, pero no es menos cierto que sea un país donde se trabaje fuertemente. Europa, al final, en su mayoría, es un continente de oportunidades. Sus países son países donde la gente puede vivir tranquila. La tranquilidad en otros países del mundo no es posible.

Parece que todos los países que no son ricos aspiran a ser como otro país rico. Todos los países europeos medianos y pequeños económicamente aspiran a ser como Alemania, como Dinamarca. España está en crisis económica, no hay empleo, pero todo está carísimo. O sea que sólo queda desear y reprimir. Pero un momento, al lado de Sol las mesas están llenas de gente tomando cañas a las 7 de la tarde. La ironía es cruel. No hay empleo, pero las listas de empleos disponibles en internet no están mal. He visto peores. Y a los desempleados les queda la consolación de la mensualidad que les entrega el Estado, el famoso “paro”. Está bien, no tienen que estar todos muriendo de hambre para que se llame crisis, pero es justo aclarar que no están tan mal.

Cuando se viene de un país que vive una cotidianidad tan distinta, donde hay mucha violencia, hay mucha corrupción, hay mucha pobreza, hay mucha desigualdad, hay mucha delincuencia, hay mucha mentira; es natural sentirse incómodo ante una protesta como esta. Una amiga china me dice que la protesta es una excusa para no trabajar. Las visiones del mundo y de la vida pueden cambiar ampliamente de acuerdo a las realidades en las que hemos nacido y crecido. De la protesta de Sol me queda pensar que es una protesta que nace de una inconformidad ante una situación que lleva repitiéndose. Ahora, es momento que esa inconformidad pase a ser un movimiento que muestre una alternativa política y para eso se necesita trabajar en ello, en vez de seguir haciendo paella en una carpa y sembrar lechugas en la fuente de la plaza.


La ciudad de la luz más transparente que conozco

Arcoiris en una tarde nublada madrileña

Otra vez estoy en Madrid buscando lo que pensé que había encontrado la primera vez que vine. Ya no estoy tan segura de haber encontrado, sino de seguir buscando. ¿Alguna vez dejamos de buscar?

De lo más bello de Madrid es la luz, esa luz tan clara y limpia que hace más evidentes las partículas que se mueven por el mundo desde que hay amanecer. Es la misma luz que en Bogotá ilumina de 7 a 9 de la mañana. ¡Aquí tengo la fortuna de poder ver esta luz todo el día!